martes, 22 de octubre de 2013

Capítulo 4


Cuando llegué a casa me encontré en la puerta el auto negro con vidrios polarizados, con el chofer guardando mis valijas rosadas con puntos blancos, y cuando entre a la que había sido mi hogar vi a mi madre totalmente desesperada, vestida y bien arreglada, pero parecía una loca por como se movía nerviosamente, de espaldas a mi. Se giró y me vio, sus ojos hechos una furia, se acercó a mi rápidamente y por instinto me alejé, creí que me golpearía, pero solo me agarró del brazo izquierdo con fuerza.
-¡Pensé que harías que perdiera mi vuelo!-Gritó enojada, me solté de su agarre.
-¡Yo jamás arruinaría las cosas si te hacen feliz!-Le grité con los ojos inundados en lágrimas ¿Qué carajos me pasa? Yo nunca lloro, o algo así. Mamá me miró con algo de tristeza, su mirada reflejaba un "Lo siento" pero ella no lo decía, por lo que decidí cortar una de las situaciones más horrorosas de mi estúpida y joven vida, entonces corrí a mi cuarto, agarré mi bolso de la cama que ya estaba desarmada y me autodeprimí unos segundos dándome cuenta de que mañana, dormiría en una habitación, una con paredes blancas lisas, y que jamás volvería a ver esos hermosos dibujos grafitti que hice alguna vez. Bajé corriendo las escaleras y luego caminé al auto, donde me metí con mi skate.
Miré con tristeza y muchísima melancolía aquella casa color crema de ventanas de cristal con marcos de aluminio y cortinas blancas. Ese umbral hermoso de la entrada, donde había dicho tantas ridiculeces  y escrito tantas cosas; el techo de tejas rojas al que solía subirme para ver con mejor intensidad las luces del casino y las hermosas luces de aquella magnífica ciudad. Miré hacia el otro lado, donde estaba el precioso patio delantero; aquel columpio hecho con una madera ahora amarillenta, amarrado con dos sogas al frondoso árbol de rosas flores, con el tronco dibujado, escrito y pintado; aquellas margaritas tan coloridas que siempre había amado de niña; cada una de esas flores que con esfuerzo y ayuda había plantado, regado y cuidado cada día para que no se marchitaran.
Me costaba horrores creer que ese palacio en el que había crecido, en el que fui tan feliz, mañana sería de otra familia, que otros niños corretearían por las escaleras haciendo carreras hasta el comedor; que otra niñita regaría mis plantas, dibujaría en la entrada o tirada en el césped y se amacaría en mi columpio; que otro niñito dibujaría las paredes y su mamá lo regañaría; no podía creer que mañana otras personas serían felices en mi casa, en mi hogar, en ese lugar en el que yo había pasado tantos momentos, felices, tristes, buenos y malos.
El auto arrancó y mi madre tomó mi mano, captando mi atención.
-Perdóname hija.-Dijo arrepentida.-No quise gritarte, es que estoy muy feliz de esto.-
-No pasa nada mamá.-Dije comprensiva.-Se que no fue tu intención, tu nunca eres así, se que esto te mata de los nervios.-
-Te quiero Stecy.-Dijo y me abrazó. Mamá siempre me llamaba Stecy, salvo que estuviera muy nerviosa o enojada tal vez, sin embargo me adora y siempre me ha dejado hacer lo que se me diera la regalada gana.
Pasó una media hora y llegamos al aeropuerto, entramos y en diez minutos subimos al avión del futuro esposo de mi mamá. Tomé mi Samsung Galaxy Pocket de mi bolsillo y saqué los auriculares de mi bolso, me los coloqué y escuchando música, caí rendida en el cómodo asiento del avión.

Me presento, me llamo Louis Tomlinson, tengo diecinueve años, cabello castaño, ojos azules. Mi padre se llama Mark, mi mamá se separó de él cuando cumplí cuatro, pero decidí vivir con mi papá. Siete años después papá conoció a otra mujer, Natasha, una mujer cuatro años menor que él, que vivía en Las Vegas. Un año antes mamá se volvió a casar con otro hombre del que no recuerdo nada. El año pasado papá y Natasha se comprometieron y a fines de este año se casarían. Desde hoy vivirán en nuestra casa, si dije vivirán, Natasha tiene una hija, Stecy Gray, de dieciséis años de edad. No lo sé, esto no me convence en nada, no se si podré soportarla, por lo que sé es hija única, osea malcriada, insoportable, pero dudo que por eso Natasha deje de casarse con papá.
Nunca supe compartir a la gente que quiero con personas desconocidas, y mis pertenencias son mías. Sin embargo, llega Stecy para arruinarlo todo. De ahora en más seguramente todo será "Lleva a Stecy""Tienes que comprarle uno a Stecy" Y de solo pensarlo se me escapan los pocos pájaros de paciencia y comprensión que me quedan.
A las siete de la tarde -Según papá.- Teníamos que ir al aeropuerto a buscar a Natasha y su hija, la verdad no tengo ganas, pero dice que quiere que "Me conozcan lo antes posible" es tan divertido, entiéndase  mi sarcasmo.
Subí a mi cuarto y me bañé, me  cambié y peiné, hasta que me alisté y todo pasó media hora, me acosté en la cama y miré televisión por la siguiente media hora.
-¡Louis!¡Louis!-Me nombraban mientras que zamarreaban mi cuerpo.-Levántate ya, que llegaremos tarde.- Era la inconfundible voz de mi papá. Me levanté y refregué mis ojos, me había quedado dormido.
-Ya esta bien, estas bien vestido, todo, ahora vamonos.-Mi padre no me dejo emitir sonido y me tomó del brazo para bajarme casi corriendo, estaba muy emocionado. Subimos a la limousine blanca de papá, gracias a Dios tenia mi Galaxy Note blanco en el bolsillo con mis auriculares, me puse a escuchar música en el viaje, aburrido y mirando por la ventanilla polarizada, como siempre.

2 comentarios: